Lo que decimos y lo que realmente queremos decir
- No me
acuerdo mi número de teléfono, porque nunca me llamo (me estoy poniendo gagá).
- No
conozco esa calle, porque no soy de la zona (apenas sé adónde vivo).
- Nunca
tendría solamente un hijo (no tendría ninguno).
- Mi
terapeuta es buenísimo (los honorarios son bajos, porque es de la obra
social).
- No
necesito un psicólogo (podría probar con un ilusionista).
- Soy
católico, pero no practicante (ni loco me levanto un domingo a la mañana
para ir a misa).
- Creo en
Dios, pero no en la Iglesia (me aburre el sermón que da el sacerdote en los
casamientos).
- No creo
en Dios, pero sí en algo superior (no tengo ni idea de qué podrá ser).
- Me
gustan los animales, pero no soporto el olor (no quiero alimentarlos ni
cuidarlos).
- En
Semana Santa, no como carne (prefiero los mariscos que, en esos días, están
más frescos que nunca).
- Me hago
una lipo para sacarme lo que me quedó del embarazo (aprovecho para tener el
cuerpo que nunca tuve).
- Le debo
todo a mi viejo (nunca le devolví el auto, el perramus, los palos de golf ni
el Rólex).
- No le
tengo miedo a la muerte (le tengo pánico a las enfermedades, a los aviones,
a la velocidad, a la electricidad, al sol, a los calambres en la pileta, a
pararme de noche en un semáforo, a los golpes de aire, a atragantarme con
una espina, etc.).
Claudia Panno
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