Se armó la gorda

Si uno sufre de obesidad o sobrepeso, puede asistir a un grupo de autoayuda, una vez por semana, para intercambiar recetas. Bajo el lema: “Mal de muchos, consuelo de gordos”, los participantes cuentan su relación conflictiva con la familia de las legumbres, de las oleaginosas, y con la propia.

 El coordinador, generalmente, es un exobeso, que todavía tiene bastantes kilos de más, lo cual confirma que la autoayuda, en su caso, no dio frutos, pero, sí, grasa. El tipo les pide a los concurrentes que se sienten en un círculo (que otra cosa es un gordo si no un redondel) y empieza la charla. A veces, con una reflexión, como ésta: “Tenemos tres cuerpos; el físico, el mental y el espiritual”. En los gordos, esos cuerpos se ven claramente sobre las sillas; cada sujeto ocupa tres. El objetivo, entonces, es alcanzar a ocupar solamente una.

Entre los integrantes, están los que intentaron adelgazar con los alimentos light y se les cortó la luz. También, los que probaron con el anillo gástrico para achicar el estómago, y se les agrandó el dedo gordo. Y los que tomaron pastillas y lo lograron (según fueron apareciendo en los avisos fúnebres del diario).

En el grupo, se les enseña a no llenar el plato hasta al borde cuando van a un tenedor libre; a decir “basta” cuando quieren que el mozo pare de echarle leche al café; y a desabrocharse el cinturón gástrico si están hinchados.

Las causas más comunes de la obesidad son: la herencia, el metabolismo, la personalidad y el entorno.

Empecemos por la herencia: De tal palo tal astilla, en el caso de los gordos, no es exacto. Porque el padre no es un palo, sino un ombú; y el hijo no es una astilla, sino un bonsái de ombú.

El metabolismo: La famosa tendencia a engordar es una marca de nacimiento. Los que nacieron con una frutilla en la nalga están propensos a acompañarla con crema por el resto de sus vidas.

La personalidad: Generalmente las personas obesas tienen muchos rollos, que nunca revelaron por temor a verse. Se sienten inseguras, se esconden; pero siempre las encuentran.

El entorno: la proliferación de comidas rápidas contribuye a que el gordo no pierda tiempo preparándoselas en su casa. No puede entender cómo Adán y Eva perdieron el paraíso por una manzana en vez de por un Big Mac.


Las consecuencias de la obesidad en el hombre son: Dificultad para bajar la escalera de otro modo que no sea rodando. Imposibilidad para atarse los mocasines. Aparición de ronquidos diurnos. Y eyaculaciones esporádicas, porque rara vez encuentra su miembro o una pareja que lo ayude a encontrarlo.

El secreto para adelgazar consiste en hacer algo positivo en lugar de comer desaforadamente: la picadora de carne con el puré, collares de dedalitos, germinaciones de porotos; tirar manteca al techo o mandar fruta. El coordinador del grupo entrega un medallón de pescado al que lo logre y un diploma de honor al que no se lo coma.


Claudia Panno

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