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Borracheras memorables
Por: Julio Parissi
Puede ser que me tire a medio país en
contra con lo que voy a decir, pero, ¿quién no disfrutó alguna vez de una
borrachera memorable? Yo sé que no está bien, que los excesos no son buenos y
que las adicciones son negativas.
Lo que pasa es que una borrachera memorable
también es memorable porque es única. No es necesario tener varias borracheras y
luego elegir la mejor. Alcanza con tener una sola, especial, apoteósica, para
recordarla toda la vida. Hablo de esas borracheras que se dan en medio de algún
festejo importante y que nos hace bailar sobre las mesas, o salir por el vidrio
de una puerta en lugar de abrirla como corresponde, o tirarnos un lance con esa
compañera -la gran potra de la oficina- a la que siempre le tuvimos ganas, y
ella, dado nuestro estado, nos toma con simpatía y encima nos hace mimos. Eso
sí, luego de esa borrachera memorable volvemos a la gaseosa y el agua mineral,
cosa de no repetirla nunca más. Porque segundas partes nunca fueron buenas, y
menos las segundas partes de una curda monumental.
No debe existir nadie que no haya tenido una
borrachera memorable, salvo aquellos que no beben ni una gota por prescripción
médica. El que dice que no, es porque la borrachera fue tan intensa que no se
acuerda de nada. En esos casos, olvidarse de todo tiene sus ventajas. Uno no
recuerda las cosas ridículas que hizo, por lo tanto las puede repetir varias
veces más sin sentir culpa.
Una curda memorable no tiene que ser siempre
placentera. Mucho se habla que hay borrachos alegres y borrachos tristes. Y no
es por cuestiones sentimentales o por recuerdos que nos vienen a la memoria en
ese estado. He comprobado que la diferencia fundamental entre un borracho triste
y uno alegre se da según quien tenga que pagar la cuenta en el restaurante luego
de la farra.
Todavía no se han puesto de acuerdo en el criterio
estético en cuanto a una gran borrachera. Nuestros amigos pueden opinar que es
una linda curda, pero es seguro que nuestra mujer la encuentra horrible.
Cuando hemos tenido más de una borrachera, nos
cuesta discernir cuál fue la memorable. Yo les tiro un dato que les puede servir
para localizar en su memoria la mayor, la más grande, la más imponente curda.
Acuérdese, a la vuelta de un festejo, cuántas veces le movieron la puerta cuando
usted intentó meter la llave en la cerradura. Si se la movieron tanto que tuvo
que bajar su mujer a abrirle, tenga la seguridad que ésa curda fue su borrachera
memorable.
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