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Cualquier tipo sabe —y muchos
podrían dar cátedra en ese sentido— cómo hacer una conquista. Y si no lo
sabe, si es un caído del catre como lo somos algunos, busca darse maña para
conquistar. Pero, en los tiempos que corren, ahora también es la mujer quien
toma la delantera en eso de ir a los bifes y tratar de levantarse al hombre
que le gusta. Lo que no sabemos los hombres es cómo hace una mujer para
levantar a un tipo. Es muy fácil para el hombre que se sabe conquistador porque así lo designó la cultura de la humanidad, pero en el caso de la mujer este levante debe ser más sutil, de manera que no hiera el sentimiento machista que todos los hombres tenemos aunque muchos intenten negarlo. En estos tiempos de igualdad de oportunidades y trabajos en ambos sexos, una mujer puede sentir la satisfacción de ser ella la que levante, lo que vendría a constituir una modesta cuota para su logro total de mujer liberada. Pero si bien podría ser igual en ese plano, no tiene el placer de los hombres de contarlo en su barra de amigas y solazarse con lo bueno del asunto, con los orgasmos repitió en la noche y las fantasías que concretó con el tipo. Porque si lo hace, las amigas, en lugar de felicitarla y disfrutar con ella —debemos recordar que son mujeres— le estarían buscando algún defecto al relato. Aunque ahora nos planteemos el tema de la conquista a cargo del género femenino, el levante de la mujer hacia el hombre es tan antiguo como el mundo. La diferencia de estos levantes modernos con respecto a los de otras décadas es que antes la mina para levantarte elegía cualquier esquina oscura y, si vos aceptabas el levante, era fija que luego te cobraba los servicios. ¿Ustedes se imaginan cómo pueden ser algunos levantes femeninos? Si hacemos un paralelismo con los hombres, es probable que una jovata, tal cual lo haría un tipo, se nos acerque diciéndonos una antigüedad como: “Quién fuera pirata para robar este tesoro...”, lo cual delatará al instante su longeva edad. Si esa viejita pasó su juventud en la década del setenta, nos dirá, sin más: “¿En tu casa o en la mía?”. O, las más modernas, las más jóvenes, nos vengan con el verso de que su pareja no la comprende. Sea como sea, está bien que la mujer empiece a llevar la molesta carga de encarar un levante. Ya es hora de que trabajen un poco... Por otro lado, la mujer por el sólo hecho de ser mujer no siempre va a tener suerte. En ese sentido podemos imaginar a esas mujeres saliendo de levante un sábado, recorriendo boliches sin lograr pescar un miserable tipo, y a eso de las cuatro de la mañana digan, buscando desesperadamente una pareja: “A esta hora, si es hombre, mejor...”. Admito que, si soy sincero, esto último debe ser lo menos frecuente, porque el sexo femenino siempre es más afortunado a la hora del levante. En realidad, lo de la mujer no se denominaría técnicamente un levante. Simplemente, la mujer estaría seleccionando material masculino que ya es de su pertenencia. Por lo menos, eso es lo que suponemos viendo lo difícil que se nos hace a nosotros, que debemos hablar como loros para conseguir que nos lleven el apunte mientras ellas se arreglan una liga al borde de la acera y paran cinco automóviles al mismo tiempo. De las miles de formas de levante que pueda implementar o imaginar la mujer a la hora de ir a la carga, hay una que no falla: el mejor levante se da cuando encara al tipo haciéndole creer que es él quien la levanta. O sea, haciendo lo que hizo siempre.
En cuestiones
de conquista, son muy pocos los hombres que admiten que se cambien los
roles. Téngalo claro: las mujeres podrán levantar si quieren, si pueden o si
tienen ganas, pero deben saber, de movida, nomás, que uno no es un hombre
fácil. ¿Entendido? Julio César Parissi El gran libro de los chistes Selección
del mejor humor de todo el mundo
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