CORRIDA DE TOROS EN INGLATERRA
(Por: Iñaki Zurbano)

¿Imposible que este magno acontecimiento, antes conocido
como
"fiesta nacional española", pueda celebrarse en tierras donde flamea la
bandera de
la Unión Jack?. ¡Ja!, pienso convencerles muy pronto de todo lo contrario.
No hay otro lugar más indicado en el mundo para celebrar salvajes corridas
de bestias cornúpetas, que la pérfida Albión de su Graciosísima Majestad
Británica, la divina señora con pamela, carroza dorada y fortuna insultan
te. No, no se trata de un titular para llamar la atención de usted y de vos,
queridos lectores. Inglaterra parece nacida a propósito para ser el marco
ideal en donde tengan lugar los más sangrientos eventos de la fiesta brava
brutal de los bárbaros y primitivos hispanos.
Y todavía me atrevo a pronosticar y jurar:
En Inglaterra se organizarán festejos taurinos
de aquí a poco tiempo. Ya lo verán.
LA
LITURGIA
Los acérrimos
defensores del llamado "Arte de Cúchares" (Cúchares fue un
torero legendario, aunque suena a marca de insecticida) apoyan la permanencia
de lo que ellos consideran el arte más glorioso y singular de todos los
tiempos, heredado de nuestros viriles y pundonorosos ancestros, (llámase también
Tauromaquia, arte de lidiar toros, y dicen que El Cid Campeador alanceaba
astados bravíos como si se tratase de musulmanes hostiles. Habrá que enterarse
si también lo hacía Ricardo Corazón de León o Enrique VIII) basándose en la
importancia suprema de la liturgia, en la ortodoxia, en los cánones, en el
ritual irresistible aderezado de música chimpún triunfalista (pasodoble) y
ornamentado con un vestuario de épocas pretéritas. ¡Oh, ¿y hay mayores
enamorados de la liturgia - orden y formas de nuestros tatarabuelos
- que los súbditos incondicionales de Su Graciosísima Isabelita del Imperio
Británico avasallador?!. Sólo tienen que recordar ustedes esos momentos públicos
televisados, generosamente circenses, cuando la familia feliz de Buckingham
Palace
monta sus cabalgatas cachondas espectaculares y otras ceremonias rimbomban
tes de película de capa y peluca, y la chusma les sigue alborozada, sonrien
do como enanitos mongolines, o agitando banderitas y banderines, sin mostrar
vergüenza alguna ni mínimo rubor. Sí, señores, a los ingleses les encanta
adorar a su familia real neomedieval, apayasada y parásita. Son fieles a la
liturgia heredada.

LA
EXTRAVAGANCIA Y EL SALVAJISMO
De lo anteriormente citado a la
extravagancia absoluta hay un paso, y de
aquí al salvajismo ya apenas existe distancia. Al fanático le importa un
carajo acosar y martirizar a un zorro espantado o a un noble toro medio ciego.
(Porque ya saben ustedes que los toros sólo ven un poquito más que Stevie
Wonder) Lo achaca a la tradición, la liturgia,los ropajes ceñidos de
múltiples colorines y borlas, las lentejuelas relampagueantes
y los brillantitos. Disfruta luciendo pelucas enpolvadas o monteras, anchos
castoreños o
anchísimas pamelas. El fanático se embebe de la liturgia antañona,
es el sacerdote supremo de una ceremonia sangrienta cultural-tradicional, pero
no ve
la sangre aunque se manche con ella. ¡Oh, ve el arte y la gloria!.
O le empitona el toro por el corazón o por los testículos, que a veces también
ocurre
esta desgracia mayúscula.

CORRIDA EN LONDRES
Para la introducción de esta fiesta apoteósica
en el Reino Unido, sólo son
necesarias dos condiciones. La primera: Que la gran corrida
inaugural se celebre en una de las metrópolis más representativas del Imperio,
ya sea Londres, Liverpool, Manchester ... La segunda: Que se garantice la
presencia de
la familia entronizada extravagante, pues así acudirán en rebaño a su olor
sanguinoliento azul toda la masa de felices agitadores de banderitas
patrióticas. Concretemos entonces que la corrida se celebre en la mismísima
capital de la Gran Bretaña: Londres. Tal elección dará la posibilidad de
organizar un desfile clásico de carrozas desde Buckingham Palace hasta el nuevo
y
flamante coso taurino. Este habrá de llamarse
"Real Plaza de Toros Reina Victoria", en honor y loa al Imperio Eterno y a su
histórica Jefa, dueña del mundo y de la India. Miles de londinenses y turistas
asistirán al desfile majestuoso. (Siempre agitando las banderitas patrióticas
tradicionales. Pueden
permitirse otras opciones: cuadritos de Lady Diana o Elton Jhon, pero agitán
dolos muy convulsivamente para dar la sensación de turbas enfervorecidas e
impactadas) Detrás de las carrozas reales y la guardia real a caballo,
desfilarán las carrozas de los valientes toreros, como antiguamente lo hacían
por la madrileñísima y castiza Calle de Alcalá hasta la plaza de toros
Monumental de Las Ventas. Pongamos que hablo de Madrid.
REAL PLAZA DE
TOROS REINA VICTORIA
Será la construcción
más soberbia que jamás se haya erigido en la magnífica
urbe londinense, admiración de nativos y foráneos deslumbradísimos, para mayor
gloria del sacro imperio conservador de Las Malvinas y de lo que les sale de los
cojones. Banderas con la cruz de San Jorge adornarán la colosal azotea en
círculo y los palcos de invitados ilustres, entre ellos Don Juan Carlos I de
España, gran aficionado al chochifollo taurino. También asistirá como invitado
ilustrísimo, pero mucho más pequeñito, Don José María Aznar, presidente del
gobierno español e hijo putativo del omniscente Fraga Iribarne, dios gaitero de
las Galicias Imperiales. Al señor Aznar se le pondrán unas almohadillas, como a
los niños pequeños, para que gane altura y
pueda disfrutar del magno espectáculo gore. En otro lugar privilegiado se
colocará una estatua sonriente de cera de la Reina Madre, tocada con su pamela
más kutrelux. (No hay peligro de que se derrita la cera porque en Londres el sol
trabaja muy poquito)
La Real Plaza de Toros Reina Victoria será por lógica de estilo victoriano.
Igualmente se cursarán invitaciones al presidente universal George Bush y
a los mandatarios de los países más taurinos: Colombia, México, Venezuela y
Portugal. La gran sorpresa podría consistir en que el señor Bush abriese el
paseillo caracterizado de cowboy del Far West legendario, galopando señorial
mente a la grupa de un caballo arabe de pura raza. También haría un excelente
cowboy el actor Marlon Brando, pero está demasiado torpe y podría caerse.

EL
PASEILLO
Los toreros serán
preferiblemente españoles y muy famosos, (José Tomás, Enrique Ponce, Jesulín de
Ubrique, El Cordobés ... Por tal motivo o por gracia
bondadosa de Su Majestad, será instalada una capilla católica en un anexo
del patio de cuadrillas) aunque se permitirá que algún novísimo torero inglés
tome ese día la alternativa o que la confirme. (Ya se están estudiando varios
nombres: Ringo Taylor "El Beatle", Currito del Thamesis y El Pijo de Picadilly,
los tres pertenecientes a la escuela taurina al aire libre de Hyde Park)
Seguirán en el paseillo al alguacilillo (Bush o quizá Vicente Fox, que tiene
mejor presencia) la banda de cornetas y tambores de los "gurkas". A continuación
desfilarán muy solemnemente los caballeros cazadores del zorro, que también
harán sonar sus típicos cuernos de caza al viento de la tarde. (Se ha pensado
incluso en soltar un zorro a modo de prólogo del evento, y que varios reputados
lores lo acosen ritualmente con sus adiestrados y feroces canes) Detrás
marcharán los toreros y sus peones. La comitiva se detendrá al llegar a las
proximidades del palco real, y la Gran Orquesta Filarmónica de
Birmingham del Suroeste interpretará "Dios salve a la Reina y a su hijo Charles
el Orejotas". Las grandes damas agitarán sus pamelas al aire neblinoso y
la plebe hará lo propio con sus banderitas de papel cebolla. El axioma español
"sol y moscas" será sustituido por el más anglosajón "niebla y pulgas",
en honor a Charles Dickens, dramaturgo insigne local. Los matadores vestirán
trajes de luces anti-niebla.
LA LIDIA
El primer toro saltará
al ruedo cuando Su Graciosísima Queen lo ordene con
un gesto digno de su regia condición divina. (El protocolo estudia si su hijo
Charles asistirá con falda escocesa o con mantilla española) El matador,
antes de recibir con su capote de brega a la bestia enfurecida, se inclinará
ante el palco real en actitud de servidumbre y fidelidad a la Corona. Y acto
seguido, los embelesados anglosajones disfrutarán del hermosísimo repertorio de
verónicas, gaoneras, chicuelinas, navarras ... ¡toda una gama de pinceladas
prodigiosas, tan antiguas como el fascinante arte del toreo!. Y para
diferenciarse de los bárbaros hispanos, evidenciando sobre todas las cosas
que Inglaterra es una potencia moderna y civilizada, se evitará cualquier daño
al sufrido animal cegato. Los picadores no aparecerán en el ruedo.
Eso sí: habrá una variante de los "monosabios". (Ayudantes a pie de los
varilargueros) Estos serán representados por una simpática comitiva de los monos
de Gibraltar. Los graciosísimos monos del Peñón también serán adiestrados para
saludar a su Graciosísima Majestad. Y se estudia otra posibilidad circense para
dar más realce, boato y emoción al espectáculo: Una exhibición de doma de
elefantes del Indostán a cargo de Estefanía de Mónaco. E igualmente se anulará
la suerte de banderillas, pero manteniendo la conveniente dosis de emoción
requerida: Hábiles recortadores españoles y forçados portugueses
pondrán los vellos de punta a cada uno de los acongojados espectadores con
sus piruetas mortales ante los cuernos de la bestia indómita aterradora
daltónica y casi invidente.

LA CRUELDAD
Esa dosis de tensión
fuerte provocada por la crueldad taurina, se reemplaza
rá por crueldad con los niños. La muy típica costumbre inglesa de castigar
fisicamente a las criaturillas escolares tendrá su representación en el ruedo:
Varios profesores, laicos y religiosos, que son iguales de hijos de puta ambos
grupos, azotarán salvajemente a pequeñuelos rubiales y pecosos, angelitos
mártires tradicionales autóctonos. Es necesario un poquito de sangre para poner
al público a gusto. Tales instantes se aprovecharán para quedescanse el toro,
cosa que será muy de agradecer por los humanitarios súbditos de su
Chiripitifláutica Majestad. A continuación se representará "Tormentos en la
Torre de Londres", un acto dramático en la más pura tradición de la Royal
Shakespeare Company. Veremos sufrir de lo lindo a Santo Tomás Moro, Ana Bolena y
Sir Walter Raleigh. Y de aquí se pasará directamente a la faena de muleta. El
público alucinará de nuevo ante el preciosismo de los naturales, manoletinas,
estatuarios ... Y por razones obvias de humanitarismo no se ejecutará la "suerte
suprema" o suerte de matar, siempre para diferenciarse de los salvajes hispanos.
En un gesto simbólico, la Gran Queen levantará su dedo pulgar patentizando el
piadoso indulto. La bestia sufriente será entregada en adopción a una familia
humanitaria inglesa. Las banderitas se agitarán frenéticamente pidiendo los
trofeos para el gran matador sin muerte. Se le entregará una réplica en
gomaespuma de las orejas del Príncipe Charles y las paseará en olor a
enfebrecidas multitudes en su vuelta al ruedo victoriano. Y un brillante colofón
para el glorioso evento: Toreros, cazadores del zorro, maltratadores de niños,
heróicos gurkas, monos de Gibraltar,
actores shakespearianos... serán recibidos en el palco real con todos los
honores, en donde se les servirá un vino español y un güisqui escocés de marca.
La familia realísima multicolor, incluidas Camila Parker Bowles y Alberto de
Mónaco, posará junto al elenco protagonista de la gran tauromaquia inglesa ante
las cámaras de los muchísimos medios de comunicación copngregados.
La Almeja promete estar presente para informarles con absoluto rigor y lujo
asiático de detalles, incluida la descripción del vestuario de las damas y
caballos enjaezados. Les contaremos también si a algún mono gibraltareño se
le ha antojado menearse la polla en presencia de Su Graciosísima Divinidad.
¡¡¡GOD SAVE LA ALMEJA DE THE QUEEN!!!.
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