*Agréganos a tus Favoritos**Firmar mi Libro de Visitas* Resolución Recomendada:800x600 


El arte del insulto

Por Julio Parissi


No es necesario agredir soezmente a una persona cuando se la insulta. Hay todo un arte en algunos insultos exquisitos que logran que la persona insultada no se enoje sino que se avergüence, se calle o se paralice por el insulto. No es necesario, por eso, la grosería.

Si uno quiere recordarle mal a la madre de alguien, siempre puede encontrar una vuelta para no caer en el lugar común. Ni tampoco usar la escatología cuando un compañero de trabajo comete un error.
El que insulta elegantemente logra que el otro no pueda reaccionar y es más, puede hacer que el agredido festeje su ingenio. Pero para eso hay que poseer dos cosas que aparentan ser opuestas y sin embargo van juntas: buen ingenio y mala leche.
De esto hay ejemplos de sobra y yo recuerdo algunos.

La más fea
Oscar Wilde, el intelectual que más anécdotas graciosas registra en su haber, tiene varias de su exilio en París. Un día se encuentra en una mesa de café con varios amigos y entre ellos está Coco Chanel, la célebre diseñadora. Ésta, haciendo gala de sus desaires hacia sí misma, le pregunta al escritor:
-Dígame, Wilde, ¿ es cierto que yo soy la mujer más fea de París?
-No, señora - responde de manera rotunda éste-. De París no. Del mundo.

Parecerse a su obra

Alguna vez se encontraron Atahualpa Yupanqui y Nicolás Guillén. Dicen que el folclorista argentino era reconcentrado y Guillén extrovertido y petulante. Esta forma de ser tan engreída terminó cansando a Atahualpa, quien le dijo:
-Nicolás, el día que te parezcas a tu poesía volveré a hablar contigo.

Dos inexactitudes Se sabe que la relación entre el escritor argentino Leopoldo Lugones y su hijo único era pésima. Una vez, estando los dos reunidos a la hora del té, Lugones le dice:
-Hay dos cosas de las que me arrepiento: de haber escrito “Lunario sentimental” y de haber tenido un hijo.
El hijo hizo silencio, se tomó su tiempo y luego respondió:
-Padre, puede quedarse tranquilo. La gente sabe que usted no es autor de ninguna de las dos

Vulgaridades

Nada que ver estos insultos con los que escuchamos en la cancha, en el transporte público y en la tele. No es que sean malos o desagradables porque aludan directamente a un familiar determinado o a las partes pudendas y la fisiología humana. Son malos por repetitivos sin una pizca de creación espontánea. ¿Saben cuál es el mejor insulto? Es el que hace que el destinatario quede dudando si eso que escuchó se trata de un insulto o un elogio.

Está el insulto de cancha, el de los boliches o el carcelario. No son lindos, pero son nuestros.

Siempre se discute si la tele sirve o no a la enseñanza. De acuerdo a algunos programas, para aprender nuevos insultos sirve.

El horario de protección al menor se puso para que los niños escuchen los insultos a la noche, cosa de no interrumpir sus tareas escolares.

Están los que insultan por amistad. Son los que tienen una forma muy particular de acordarse de la madre de uno.

Todos los días aparece un insulto nuevo. Pero, como somos tan mal hablados, no sabemos si es un insulto o un neologismo.

El insulto más sutil es el de los políticos cuando nos piden el voto a cambio de promesas que nunca cumplen. Es un insulto a nuestra inteligencia.

El insulto es una droga. Cada día hay que aumentar la dosis para lograr el efecto del día anterior.

Lee otras notas de Julio Cesar Parissi   aqui

Volver a Textos Volver a la pagina Principal