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El individuo no me parecía sospechoso. Vestía correctamente un atuendo
deportivo y sus modales eran igual de serios y discretos. Cólgabale un
piercing
pequeñito del lóbulo sonrosado de la oreja izquierda. No le juzgué un
marginal al uso. Me abordó:
.- Por favor, ¿sabría indicarme por donde puedo llegar a la Plaza de la
Cibeles?.
.- Sí, naturalmente, siga usted por Echegaray hasta llegar a la Carrera de
San Jerónimo y luego sigue ...
Y cuando más enfrascado estaba en los minuciosos detalles laberínticos
urbanos, informándole sobre el camino más corto para llegar a la plaza de
la
diosa olímpica y madridista, va el individuo y me cambia repentínamente el
chip
y el tono de sus palabras, ahora radicalmente amenazadoras:
.- Oye, tío, pásame treinta euros, ¿vale?, que estoy más tieso que la
mojama.
¡Joder, enróllate, colega!.
.- Lo siento, pero no tengo dinero, disculpe ...

.- ¡Eres un hijo de puta!. ¡Caguen...!, ¡que saco la navaja y te rajo,
pedazo
de mamón!.
Y tuve que salir corriendo porque se me dan muy mal los heroismos.
Voy a seguir haciendo honor al título de esta nota: "¿Qué te dice la gente
por la calle?".

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