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Julio Parissi
Hacer una guachada tiene otro encanto más, y el regocijo que sentimos al contarla, una satisfacción que viene doble. Por un lado, sentimos placer en recordar algo que uno hizo para divertirse a costa de los demás. Por el otro, cuando las contamos y vemos que los que escuchan también disfrutan, nos damos cuenta que en esto de ser guachos no estamos solos. Nadie es recordado, en su paso por el colegio, por sus buenas acciones. Sacarnos una nota altísima nunca nos va a hacer famosos, pero saltamos al estrellato cuando nos encajan 25 amonestaciones. Cuando esto pasa, todos se preguntan de inmediato qué guachada memorable hemos hecho para lograr eso. Se puede tener algo con una chica y luego de muchos años verla y decepcionarse. Pero patear a alguna novia perdidamente enamorada de uno, se recuerda siempre. Y es más, cada año que pasa agrandamos un poco el metejón que ella tenía por nosotros, para sentirnos más guachos, todavía. Las guachadas no son todas iguales. Una joda a un compañero es una guachada clásica; en cambio, una guachada al jefe es sólo un intercambio de atenciones.. También tenemos la tendencia a juntarnos con aquellos que son los más piolas o los más guachos. En ese caso, no nos une el amor sino el espanto —el espanto de los demás—. ¿Por qué se tiene tendencia a querer ser amigo de un tipo que vive haciendo guachadas? No se sabe si es por cariño, por admiración o para salvarse de que se la hagan a uno. Hay quienes se preguntan por qué las guachadas más memorables son realizadas cuando uno es joven. La respuesta es la lógica: a esa edad tenemos más rapidez para rajar del lugar del hecho antes de que nos maten. Pero no siempre uno puede mantenerse guacho toda la vida. El paso de los años destruye a cualquiera, aun al más jodón. A veces sucede que el más guacho del colegio, unas décadas después, termina siendo una buena persona. Aunque hay otros, que son tan hábiles y tan vocacionales en hacer guachadas en su juventud, que terminan como guachos profesionales. Guachos, bien guachos, recontraguachos.
Es decir, terminan
forjándose una carrera política. Julio César Parissi El gran libro de los chistes Selección
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