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¿Quiere empezar mal la semana?
Salga
el domingo en familia!
(Por: Lorena Lopez)
Es cierto que en el folleto se veía bárbara, pero a esta altura de las cosas, usted ya debería saber que toda foto publicitaria es una patraña y toda explicación de hágalo-usted-mismo, el camino directo a un ataque de presión arterial.
Pero bueno, ya está y la calurosa mañana del domingo lo encuentra a pleno sol tratando de armar la carpa canadiense o esquimal, mientras se le entierran los pies en el barro y su esposa empieza a tener esa mirada de por qué me casé con semejante alcornoque, que a usted lo hace sentir una mezcla de poca cosa y pollo sin plumas.
Una gota de sudor se le mete por el cuello y sus niños no hacen más que llorar a coro porque están aburridos o por deporte, y usted piensa que por qué no haberse quedado en casa mirando tele, y la respuesta es porque vive en un miserable tres ambientes alquilado donde hay que pedir permiso hasta para lavarse los dientes, y estar todo un domingo mirándose las caras es una invitación constante al suicidio.
“Pasame el martillo”, le dice usted a
un ayudante inexistente, mientras intenta clavar una estaca en el piso y se
pregunta cuándo empezó todo, por qué se casó, por qué pensó que quedarse
trabajando en el banco era una buena opción cuando en realidad usted quería ser
ornitólogo y dedicarse a mirarle las alitas a los pájaros y tener puestos lo
binoculares hasta que su cara quedara con un antifaz tipo oso panda.

¿Dónde estaría ahora? ¿Qué aventuras le depararía la existencia, yendo de acá para allá, de selva en selva, dando conferencias sobre animales en peligro de extinción y seduciendo jovencitas ecológicas que quieren salvar al mundo y a las ballenas? O a lo mejor se hubiera dedicado a la arqueología y su vida sería un eterno descubrir dinosaurios y ciudades perdidas con tesoros lujuriosos y cámaras secretas, para luego, ya de anciano, escribir sus memorias y pasar a la eternidad en una foto con bigotes y sombrero tipo bombín, y ganar dinero a raudales dándose aires de importancia y publicando una autobiografía exagerada.
Lástima que ya es mediodía y la carpa sigue sin armar y el olor del asado del vecino es una afrenta, una demostración más de lo que no podrá hacer, la prueba fehaciente de otro de sus fracasos, la confirmación de que su esposa hace muy bien en hacerlo cornudo con cualquier salame que la frote un poco y que es casi obligatorio que sus chicos finjan que no lo reconocen en actos escolares y fiestas de fin de año.
“Esto se pone por acá”, dice usted en voz alta como queriendo demostrar que sabe lo que hace, aunque en su fuero interno sabe bien que la carpa lo vencerá, que ninguno de esos piolines se colocará bien en su sitio y que el silencio de su familia es el reproche velado de todas las vacaciones que se ha quedado en casa.
“Mañana será otro día”, piensa y mientras un pedazo de lona naranja que en el folleto era el techo, le cae sobre la cabeza como si fuera un fantasma de carnaval, comprende que para un infeliz (como usted), mucho peor que un lunes a la mañana, es un domingo a la tarde.▪