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Payasos Desocupados |
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La Columna de Fresquete y Viento Zonda
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Agárrese, Fresquete, nos quedamos sin trabajo. Los chistes resérveselos para la función de esta noche, Viento Zonda. Para nosotros la función se acabó. La crisis golpeó las puertas del circo y la dejaron pasar. Hubo reducción de perso- nal y los pocos que se quedaron cobraron sueldo de enano. De 5 trapecistas echa - ron a 4. El que quedó anoche hizo la triple voltereta mortal confiado que del otro lado la iban a sostener sus partenaires y terminó de cabeza en el carromato del hombre bala que, a propósito, en la última función lo dispararon y le dijeron que no se tome la molestia de volver. ¡Qué destino, Faustino! Le digo más: el oso Bongo, después de 15 años de servicio a la empresa, lo dejaron en la calle con lo puesto. ¡Qué desgracia, Pancrasia! Me lo tuve que llevar a vivir conmigo. ¿Sa- be lo que fue encontrármelo esta mañana en el baño usando mi afeitadora eléctrica? ¡Qué chucho, Manucho! La próxima rima tonta que introduzca en este diálogo le vuelo el bombín de un ca - chetazo. Sus cachetazos me tienen sin cuidado. ¿O acaso cree que todavía no me dí cuenta que son ficticios y el ruido lo hace con la mano? Usted está revelando secretos profesio - nales, infringiendo de ese modo el artículo 125 bis de la XI Convención Sircense de Ginebra que condena la divulgación y/o ventilación de trucos y triquiñuelas del artista de variedades. No me venga con tecnicismos. Mis abuelos Cebollita y Nuez Moscada, llegaron de Si - cilia con una mano adelante y un pastel atrás y fundaron junto al maestro Orlando Orfei el primer circo con techo de chapa que se levantó en esta Capital. No tenían ni para pulgas amaestradas. En la misma cama dormían los tres con el león y un enano a los pies. |
Para
historias tristes está la mía. Mis pa - dres eran trapecistas y a los dos meses de haber nacido me dejaron abandonado en la cuerda floja del circo de Los Hermanos Karamasov. Uno de ellos -Iván, el ventrí- locuo - me encontró y decidió criarme como su propio muñeco. No siga que se me corre el maquillaje. Vamos, esa lágrima que tiene pintada en la mejilla nunca se la creí. La uso simplemente para tapar un lunar. Lo suponía, Arturo Torres Ríos. Shhhhh....!!!! ¡¡¡Qué hace!!! No revele mi nombre que se pierde la magia. Bánquesela. Usted tiró el primer cacheta- zo. Pero usted se agachó. A cachetazos se hacen los payasos. Tome este: Plafff!!! Qué curioso. Es similar a este: Plafff!!! Oiga, ese último fue de verdad. Apenas lo rocé, hombre. Cachetazos de verdad eran los que me daba mi padre, El Gran Pasta Frola. Él me enseñó el arte de caer de bruces, mamá también apren- dió. Fue la primera mujer golpeada en público. La historia es buena pero a mí me preocu- pa lo que dije al comienzo ¿De qué vamos a vivir ahora? Ah! ¿No le dije? La Almeja.CoM nos con - trató para escribir una columna. Usted está del bonete ¿Dónde vió paya - sos en un Sitio de Internet? Si me dijera en el Gobierno... Por Wolf & Fili
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