En materia de
estímulos eróticos, no siempre las cosas son ni como el sentido común pareciera
indicar ni tampoco como las películas triple X pretenden enseñar. No hay ningún
libro que pueda marcar la totalidad de las zonas erógenas de nuestro cuerpo,
porque cada uno las tiene en los lugares más impensados, y nos sentimos
erotizados de las maneras menos comunes.
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No es necesario ir a los lugares clásicos como los genitales, el cuello o la oreja, para sentir placer. Una rascadita en la espalda o una caricia en los dedos de los pies puede ser suficiente para sacar afuera al indio calentón y encender la pasión más descontrolada. Pero, ¿cuántos modos más habrá para estimularnos? Si uno observa a una parejita haciéndose arrumacos que uno las ve como simples roces o caricias, sin pensar que, en el fondo, deben estar gozando más que en una orgía romana.
Nunca se sabe,
pero cualquier pedido raro o diferente de nuestra mujer puede ser una pequeña
cosa que la #######. El erotismo está en todos lados y es posible que en los
gestos más inocentes. Si nos pide que la ayudemos a atarse el pelo o a subirse
el cierre de un vestido, uno puede llegar a preguntarse: “¿En que posición del
Kama Sutra estará pensando?”.
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En cualquier momento de la relación nuestra pareja puede descubrir una nueva caricia que la erotiza como ninguna otra. Eso es posible, y totalmente lógico. Pero, como uno es paranoico, enseguida pensamos en quién será el sinvergüenza que se la enseñó. Muchas mujeres se quejan de que nuestras caricias siempre vayan a los mismos lugares. Dicen que no nos damos cuenta cuáles son las pequeñas cosas que realmente las vuelven fogosas y apasionadas, y con las cuales gozan de verdad. Nos lo dicen, lo recalcan, lo explican, lo sugieren. Como si a nosotros nos importara.
Pero, buscar el erotismo mediante el juego previo no siempre tiene un buen final. Son tantas las pequeñas cosas que calientan, que desarrollan la pasión y el deseo, que no es raro quedarnos dormidos antes de terminar de practicarlas a todas.
Sucede en estas cuestiones del erotismo todo es muy personal y sutil. No siempre sentimos lo mismo que sienten otros con iguales caricias. Tampoco somos tan diferentes, esa verdad. En el fondo, las variantes eróticas son mínimas. Es por eso que, si nos sucede muy seguido que a nosotros no nos produce ningún placer cuando ponemos en práctica un juego erótico que nos relató algún compañero del trabajo, es una luz roja que deberíamos prestarle atención.
Y pedir hora para
consultar al sexólogo.

Julio César Parissi
El gran libro de los chistes
Selección
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