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Supongamos que una mañana usted se levanta y decide hacer un balance de
su vida. Para la hora del almuerzo ya le va quedando claro que si no
hace algo pronto, el porvenir que se avecina es bastante oscuro, pues ya
comprendió que para la pintura, no tiene talento, para la música nunca
pudo afinar y para la literatura le falta una computadora. Para colmo,
rápidamente se da cuenta de que tampoco tiene espalda suficiente para
trabajar en el puerto y que usar traje y corbata sin duda alguna es un
ultraje a su sensibilidad artística. ¿Qué hacer entonces?
Surge así la idea salvadora: ser creativo
publicitario.
A todo esto usted le sumará su propio toque personal condimentándolo con frases falsamente poéticas y asistiendo a todo evento posible donde, con gesto airado, declarará que las cosas verdaderamente importantes, como el arte y la radicheta, hay que buscarlas en otros lados (sic). Con ello conquistará el corazón de cientos de aspirantes a publicistas que admiran sus obras en silencio.
Si
usted logra mantener y exacerbar esta conducta, su fama de creativo
implacable no tendrá límites. Así, lo convocarán a conferencias y a
eventos de alto nivel con comida japonesa donde usted aseverará que
prefiere las milanesas con papas fritas, ganándose así el cariño de la
franja más popular del público. Inmediatamente vendrán los premios y el dinero. Cualquier cosa que salga de su boca (salvo la tos) será merecedora de un galardón y de pronto verá su casa superpoblado de placas, trofeos y pergaminos (donde escribirán mal su apellido si tiene la desgracia de ser más complejo que González) y por los cuales la mucama le cobrará, con toda justicia, un importante plus por semana. Su vida brillará con el éxito y todo será sonrisas y vestidos de lamé que lo rodearán como en una calesita. De sus canillas saldrá champagne y sus otrora vecinos verán su rostro por televisión con rencor de sábado a la noche sin salir, conformándose con una pizza de muzzarela en sus casas sin revocar, mientras usted exhibe su dentadura perfecta junto a perfectas muchachas que comen granitos de caviar con la mirada perdida. Por supuesto que al mismo tiempo acontecerán los cambios en los integrantes de su familia, desde las flagrantes actitudes interesadas hasta los oscuros deseos encubiertos de primos lejanos que buscan cualquier excusa para entablar conversación y los tíos que le vienen con ideas para futuras propagandas y en cada navidad le dicen que les debería pagar derechos de autor y que con su vida hasta podría hacer un libro (a esta altura ya confunden publicista con escritor y cantautor) ja ja, que bueno volver a verte Nachito, etc.
Y así
se desarrollará la vida, llena de alegría y cupones con descuento que ya
no necesita utilizar y autos deportivos que sus guardaespaldas revisarán
minuciosamente cada vez que vaya al kiosco, y los años se sucederán uno
tras otro, inaugurándose nuevos restaurantes y lugares modernos donde
todo será glamour y lo seguirán felicitando a micrófono abierto por sus
numerosos premios internacionales y puede que usted de pronto, en el
medio de una de las tantas fiestas, justo cuando se está llevando esa
copa de champagne a la boca sienta el pinchazo fatal de la casa vacía,
de la soledad derramándose por sus sábanas de raso y por el retrato de
su madre cuyo pastel de papas su paladar ya no reconoce.▪ Luisa Lars
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