A veces en la vida sucede que de pronto uno no sabe qué hacer, especialmente si se tienen inclinaciones artísticas.

Uno se encuentra perdido, desorientado y aunque busque consejo entre familiares y amigos, el alma encuentra poco reposo. Lo más común es que dicha desorientación ocurra durante la adolescencia, sin embargo la experiencia indica que más de un cuarentón no sabe si ser mecánico dental, maestro panadero o dedicarse al ikebana.

 

Supongamos que una mañana usted se levanta y decide hacer un balance de su vida. Para la hora del almuerzo ya le va quedando claro que si no hace algo pronto, el porvenir que se avecina es bastante oscuro, pues ya comprendió que para la pintura, no tiene talento, para la música nunca pudo afinar y para la literatura le falta una computadora. Para colmo, rápidamente se da cuenta de que tampoco tiene espalda suficiente para trabajar en el puerto y que usar traje y corbata sin duda alguna es  un ultraje a su sensibilidad artística. ¿Qué hacer entonces?

 

Surge así la idea salvadora: ser creativo publicitario.
 


El primer paso consiste en usar ropa de feria americana pero con marca y estar siempre levemente despeinado, como si fuera un eterno recién levantarse con barba de tres días. Luego, lo ideal es utilizar los contactos de padres y amigos adinerados e ir a las entrevistas con gesto displicente y hacer comentarios fuera de lugar que incomoden al interlocutor y vayan poco a poco construyendo su imagen de espíritu libre y trasgresor. Al principio las cosas no serán fáciles y hasta es posible que pongan a prueba su hidalguía dándole una entrevista antes de las 11 de la mañana, pero lo importante es resistir.

Así, a fuerza de tenacidad, logrará un puesto en una agencia de publicidad de poca monta donde comenzará a poner en marcha sus dotes creativos para vender porotos, jabón en polvo o servicios fúnebres por Internet. Deberá enfrentarse al desprecio y malos tratos de los clientes y a la obsecuencia de los dueños de la agencia para ganar, de este modo, la experiencia requerida. Luego pasará a una agencia de mayor envergadura y hará comerciales extravagantes para televisión robando ideas de publicitarios extranjeros y plagiando el argumento de los clásicos con impunidad, total es bien sabido que nadie del ambiente las lee.
 

A todo esto usted le sumará su propio toque personal condimentándolo con frases falsamente poéticas y asistiendo a todo evento posible donde, con gesto airado, declarará que las cosas verdaderamente importantes, como el arte y la radicheta, hay que buscarlas en otros lados (sic). Con ello conquistará el corazón de cientos de aspirantes a publicistas que admiran sus obras en silencio.

Si usted logra mantener y exacerbar esta conducta, su fama de creativo implacable no tendrá límites. Así, lo convocarán a conferencias y a eventos de alto nivel con comida japonesa donde usted aseverará que prefiere las milanesas con papas fritas, ganándose así el cariño de la franja más popular del público.

 

Inmediatamente vendrán los premios y el dinero. Cualquier cosa que salga de su boca (salvo la tos) será merecedora de un galardón y de pronto verá su casa superpoblado de placas, trofeos y pergaminos (donde escribirán mal su apellido si tiene la desgracia de ser más complejo que González) y por los cuales la mucama le cobrará, con toda justicia, un importante plus por semana. Su vida  brillará con el éxito y todo será sonrisas y vestidos de lamé que lo rodearán como en una calesita. De sus canillas saldrá champagne y sus otrora vecinos verán su rostro por televisión con  rencor de sábado a la noche sin salir, conformándose con una pizza de muzzarela en sus casas sin revocar, mientras usted exhibe su dentadura perfecta junto a perfectas muchachas que comen granitos de caviar con la mirada perdida.

Por supuesto que al mismo tiempo acontecerán los cambios en los integrantes de su familia, desde las flagrantes actitudes interesadas hasta los oscuros deseos encubiertos de primos lejanos que buscan cualquier excusa para entablar conversación y los tíos que le vienen con ideas para futuras propagandas y en cada navidad le dicen que les debería pagar derechos de autor y que con su vida hasta podría hacer un libro (a esta altura ya confunden publicista con escritor y cantautor) ja ja, que bueno volver a verte Nachito, etc.

Y así se desarrollará la vida, llena de alegría y cupones con descuento que ya no necesita utilizar y autos deportivos que sus guardaespaldas revisarán minuciosamente cada vez que vaya al kiosco, y los años se sucederán uno tras otro, inaugurándose nuevos restaurantes y lugares modernos donde todo será glamour y lo seguirán felicitando a micrófono abierto por sus numerosos premios internacionales y puede que usted de pronto, en el medio de una de las tantas fiestas, justo cuando se está llevando esa copa de champagne a la boca sienta el pinchazo fatal de la casa vacía, de la soledad derramándose por sus sábanas de raso y por el retrato de su madre cuyo pastel de papas su paladar ya no reconoce.▪



 

Luisa Lars

luisalars@hotmail.com

 

 

 
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